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MODELOS DE DESARROLLO EN AMÉRICA LATINA

MODELOS DE DESARROLLO EN AMÉRICA LATINA DESDE LA DÉCADA DE 1970 HASTA LA ACTUALIDAD, 2025

Por: Néstor Suxo Ch.

1. Modelo de Industrialización por Sustitución de Importaciones (ISI)

En América Latina, la industrialización ha sido un eje central de debate en relación con las teorías de la dependencia. Más allá de la discusión académica, este proceso constituyó uno de los factores que impulsaron el desarrollo regional, en ocasiones vinculado a dinámicas de la economía mundial y en otras condicionado por realidades internas.

El modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI) se fundamentó en el crecimiento del sector industrial desde adentro, vigente aproximadamente desde la década de 1930 hasta finales de los años setenta. Fue impulsado principalmente por el sector industrial, considerado por diversos autores como el motor del crecimiento productivo. Entre los factores que explican dicho crecimiento se destacan:

El incremento de la capacidad adquisitiva de la población.

La implementación de políticas de proteccionismo aduanero, que restringían la entrada de bienes manufacturados importados y reducían la competencia externa.

El objetivo del modelo ISI fue construir una industria avanzada capaz de incrementar el valor agregado de los productos de exportación, con el fin de que las economías latinoamericanas ingresaran en una fase de desarrollo superior.

Los resultados del ISI fueron heterogéneos y, en muchos casos, controversiales. En El Salvador, según el informe de la Fundación Salvadoreña para el Desarrollo Económico y Social (FUSADES), el modelo impulsó el desarrollo económico durante las décadas de 1960, 1970 y gran parte de los años 80. Sin embargo, generó un marcado sesgo anti-exportador, especialmente hacia las ventas fuera de Centroamérica, imponiendo aranceles elevados sobre materias primas y bienes intermedios producidos en la región. Esto encareció los procesos productivos, dado el alto componente de insumos y bienes de capital importados (FUSADES, 2019, p. 1).

En contraste, en Bolivia el ISI no alcanzó sus objetivos. Oca (1980) señala que “el proceso de industrialización boliviana bajo el modelo de ‘Sustitución de Importaciones’ no ha logrado el desarrollo del sector mencionado, ni el impulso en el desarrollo económico nacional” (p. 9). Por su parte, Brasil constituye un caso particular. Ariel (2015) sostiene que, pese a ser el mayor deudor de América Latina, fue el único país que logró impulsar de manera positiva la política de industrialización, orientando inversiones de la industria automotriz y de bienes de consumo duradero hacia sectores de insumos intermedios, especialmente las industrias químico-metalúrgicas y de bienes de capital. No obstante, este esfuerzo no fue suficiente para expandir el mercado interno, reducir la concentración del ingreso ni superar las restricciones de divisas (p. 5).

El modelo ISI también planteó objetivos como:


Incrementar el empleo local.
Reducir la dependencia de los mercados extranjeros.

Mejorar los términos de intercambio.

Sin embargo, los resultados fueron contradictorios. Algunos economistas e historiadores destacan que el ISI generó mayor empleo, el surgimiento de sectores industriales nacionales, ahorro de divisas y una disminución de la dependencia externa. Otros investigadores subrayan que condujo a precios elevados de bienes manufacturados, ineficiente asignación de recursos, pérdida de oportunidades de exportación, monopolios estatales poco eficientes, saldos comerciales negativos y endeudamiento externo (ECONLINK, 2008).

2. Modelo Neoliberal


El modelo de industrialización por sustitución de importaciones (ISI), pese a sus limitaciones en América Latina —con excepción de Brasil y México—, mostró una tasa de crecimiento económico óptima entre 1933 y 1980. Sin embargo, una de las causas de su insostenibilidad fue la incapacidad de superar la escasez de divisas, sumada a la debilidad e ineficiencia de los sistemas financieros nacionales. A finales de los años ochenta, la deuda latinoamericana alcanzó los 430 mil millones de dólares, lo que hizo inevitable el colapso del ISI.

El modelo neoliberal (MN) emergió como respuesta a la crisis económica mundial de la década de 1970, inspirado en la escuela monetaria de Milton Friedman, que proponía “un incremento constante en la cantidad de dinero de acuerdo a la demanda evitando así la inflación”. Durante los años ochenta, la recesión mundial aceleró la transición hacia este paradigma.

El objetivo del MN buscaba garantizar la libertad total del comercio, reducir la intervención estatal en la economía y disminuir el gasto público. Entre los factores que facilitaron su consolidación se destacan: a) la crisis de la deuda a principios de los ochenta, que marcó el fin del ISI y el tránsito al MN; b) las restricciones internas y externas que obstaculizaron la acumulación de capital endógeno y el control de las cadenas de valor; c) el pacto político entre el gobierno de Estados Unidos, los organismos financieros internacionales y las élites latinoamericanas, conocido como Consenso de Washington (Cálix, 2016, p. 9).

En este marco, se impusieron la liberalización financiera y comercial, la privatización de empresas estatales y reformas laborales. En Bolivia, bajo el gobierno de Paz Estenssoro (1985), se implementó la Nueva Política Económica (NPE) mediante el Decreto Supremo 21060, cuyo objetivo inmediato era “detener la hiperinflación, disminuir el déficit fiscal y sentar las bases de reactivación productiva indispensables para retomar la dinámica del desarrollo económico y social del país” (Estado Plurinacional de Bolivia, 2010). Ejemplos similares se observaron en Argentina (1991) y Brasil (1994), donde “la apertura financiera no buscaba únicamente transformar más eficazmente ahorro en inversión, sino fundamentalmente financiar el gasto público con deuda externa durante la etapa de despegue” (UBA, 2015).

3. Modelo Post-Neoliberal

La historia reciente muestra que, en las últimas décadas, varios países latinoamericanos vivieron procesos de resistencia al neoliberalismo. Ello favoreció el ascenso de gobiernos de izquierda con “sensibilidad social”, como los de Lula da Silva en Brasil (2002–2005), Néstor Kirchner en Argentina y Evo Morales en Bolivia (2005) (García, 2012, p. 4). No obstante, pese a la vigencia del modelo post-neoliberal, persisten rasgos del neoliberalismo y estructuras de poder que reproducen desigualdades y exclusiones.

El objetivo del post-neoliberalismo busca avanzar de una sociedad de mercado hacia una sociedad de derechos humanos, con un desarrollo que combine dinamismo económico, igualdad social y sustentabilidad ambiental. Entre sus desafíos se encuentran la protección de los ingresos de los más pobres, la promoción de la innovación social y el fortalecimiento del rol regulador del Estado.

En Bolivia, este modelo se expresó en el Capitalismo Andino-Amazónico y en el Nuevo Modelo Económico, Social, Comunitario y Productivo, donde “el socialismo comunitario resume la sociedad postcapitalista boliviana, donde el pluralismo económico prevalece, y lo comunitario se toma como fuente principal de esta alternativa al capitalismo… Se puede afirmar, en consecuencia, que el fomento de la economía comunitaria es el elemento diferenciador del modelo boliviano.” (Mun, 2014)

4. Horizonte de Transformación Social-Ecológica


Más que un modelo acabado, se trata de un horizonte alternativo que busca revisar las bases epistemológicas del desarrollo y colocar la defensa de la naturaleza como pilar frente al avance del neoextractivismo. La explotación intensiva de recursos fósiles y minerales ha incrementado las emisiones de gases de efecto invernadero, generando conflictos socioambientales y poniendo en riesgo la vida de las futuras generaciones.

El objetivo del modelo horizonte social-ecológico propone construir sociedades equitativas, solidarias y comprometidas con el uso responsable de los recursos naturales y la energía, bajo una conciencia ecológica sustentable. Según Cálix (2016, pp. 22–23), este enfoque se articula en tres orientaciones:
La satisfacción de las necesidades fundamentales de la población (alimentación, vivienda, salud, conocimiento, transporte, trabajo digno y ocio creativo).
El respeto de los equilibrios biosistémicos que sostienen la diversidad de la vida en el planeta.
La convivencia horizontal entre diferentes tipos de sociedades humanas.

Este carácter holístico implica también una transformación política hacia democracias que promuevan el desarrollo humano, un equilibrio entre lo público y lo privado, y un enfoque de derechos humanos como salvaguarda colectiva. Como advierte Cálix (p. 25), “la ponderación del valor del entorno natural más allá de un arbitrario valor económico” es indispensable para superar el extractivismo, reducir desigualdades y fortalecer estados democráticos.

Un modelo adicional que marcó la región en las primeras dos décadas del siglo XXI fue el neoextractivismo. Este enfoque se basó en la expansión de las exportaciones de hidrocarburos, minerales y productos agrícolas, aprovechando el auge de los precios internacionales. En ese contexto, los gobiernos progresistas financiaron políticas sociales mediante la renta extractiva, lo que permitió reducir la pobreza y la desigualdad, pero al costo de profundizar la dependencia de commodities y generar conflictos socioambientales. El neoextractivismo se convirtió en un rasgo común tanto en países con gobiernos de izquierda como de derecha, mostrando que la matriz productiva de la región seguía anclada en recursos naturales.

Finalmente, hacia el presente y futuro inmediato, se plantea un horizonte de transformación social‑ecológica. Más que un modelo acabado, constituye una alternativa que busca revisar las bases epistemológicas del desarrollo y colocar la defensa de la naturaleza como pilar frente al avance del neoextractivismo. Cálix (pp. 22‑23) identifica tres orientaciones fundamentales: “la satisfacción de las necesidades básicas de la población, el respeto de los equilibrios biosistémicos que sostienen la diversidad de la vida en el planeta, y la convivencia horizontal entre diferentes tipos de sociedades humanas”. Este horizonte implica también una transformación política hacia democracias que promuevan el desarrollo humano, un equilibrio entre lo público y lo privado, y un enfoque de derechos humanos como salvaguarda colectiva.

Referencias

Ariel, F. (2015 de Julio-diciembre de 2015). Análisis del modelo de industrialización por sustitución de importaciones en América Latina y en Argentina. Obtenido de Revista Geográfica Digital IGUNNE. Facultad de Humanidades. Año 12. N° 24: https://revistas.unne.edu.ar/index.php/geo/article/download/2164/1889

Cálix, Á. (febrero de 2016). Los Enfoques de Desarrollo en América - hacia una Transformación Social - Ecológica. Obtenido de FES, ANÁLISIS n° 1: https://library.fes.de

ECONLINK. (21 de febrero de 2008). "Modelo ISI". Obtenido de ttps://www.econlink.com.ar/modelo-isi

FUSADES. (2019). LEY DE REACTIVACIÓN DE LAS EXPORTACIONES PREVEÍA EL BENEFICIO DE DEVOLUCIÓN DEL SEIS POR CIENTO DEL VALOR LIBRE A BORDO DE LAS EXPORTACIONES. Obtenido de Jurisprudencia: https//www.jurisprudencia.gob.sv2014/04

García, N. A. (diciembre de 2012). Post-neoliberalismo en América Latina: en busca del paradigma perdido. Obtenido de Revista Aportes para la Integración Latinoamericana. Año XVIII, N° 27; pp. 21-46: https://revistas.unlp.edu.ar/aportes/article/download/3438/3609/10789

Moré, E. (15 de diciembre de 2017). Esbozo paradigmático de la teoría de la dependencia. Obtenido de Revista CIFE 31: https://dialnet.unirioja.es

Mun, N. K. (2014). La poblemática transición boliviana hacia la época postneoliberal: el caso de la economía comunitaria. Obtenido de Revista Ciencias Sociales 20, n° 3: https://www.scielo.org.co

Oca, I. G. (1980). El modelo de sustitución de importaciones en Bolivia [Tesis de licenciatura en Economía] Universidad Mayor de San Andrés. https://doi.org/https://repositorio.umsa.bo/xmlui/handle/123456789/3391

UBA. (2015). 27 de marzo de 1991. Sanción de la Ley de convertibilidad. Obtenido de Museo de la Deuda Externa Argentina: https://mueseodeladeuda.econ.uba.ar

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